EL MÓDULO número ocho de la prisión de Qezel Hessar contaba con doce
celdas de aislamiento en las que, a duras penas, se podía acomodar a un
preso. Sin embargo, por decisión de Lajevardi, el entonces jefe de las
cárceles iraníes, en cada una de ellas se amontonaban 25 prisioneras
políticas. Debían sentarse, dormir o levantarse por turnos, pero el hacinamiento no era la única tortura, ni tampoco la peor.
No comments:
Post a Comment